LEVEDAD, por Joaquin Arespacochaga

LEVEDAD, por Joaquin Arespacochaga

6 julio, 2020 0 Por noticias-inirida

"Retozando en la ciénaga

el instante me hace inmóvil

palpita inacabable

me sostiene.

 

Un dulce resplandor 

que en el fragor de la prisa

me agrega solitario 

a la preñada tempestad del universo.

 

Eres manantial herido

tiempo anegado en recuerdo

senda interminable

que avanza en la noche cautivando.

 

Urgente y solitario

eres instante huella incierta

fronda eterna que me olvida.

Una náusea divina

que insensible a mi desdicha

inventa el tiempo

para devorarme".

 

Joaquin de Arespacochaga.

 

COMENTARIO:

 

Lejos de las fórmulas que Baudelaire proponía para escapar del contrabando urgente del tiempo en su "Spleen de Paris" (la escritura, el placer, el beber), Joaquin Arespacochaga nos propone aquí fusionarnos con la dulce inmensidad del universo, "un dulce resplandor 

que……../me agrega solitario/

a la preñada tempestad del universo".

Y desde ese abastado itinerario, saborear la siniestra erosión de la vida, dejar que las flores sombrías del mundo te inunden con su perfume, inmerso en esa inmensidad que percibe el tiempo ido en el chasquido eterno del instante.

 

En este poema de Joaquin Arespacochaga, la injuria impune de los tiempos, es cierto que toma conciencia de sí misma. Pero nos transmite, a la vez, la esperanza de que el hombre es capaz de contrarrestarla, impregnándose de vida, no perdiendo el tiempo esperando su terca inevitabilidad, como esos personajes de Beckett, Estragón y Vladimir de "Esperando a Godot" que viven un terrible "nada viene, nada va",

 entregados a la dulce sacudida de lo posible, "yendo y viniendo los días, como diría Quevedo, anegados en esa regalada molicie que fluye deudora de las cosas.

 

La luz apagada del instante, siempre asomada al abismo, precipitada como un torrente de agua negra. "…eres instante huella incierta/ fronda eterna que me olvida", expresa con aparente resignación Joaquin Arespacochaga. Pero, en seguida, reacciona y desvela la necesidad de ser hostil, con intensa viveza, al temblor sucesivo del instante: "…náusea divina/ que insensible a mi desdicha/

inventa el tiempo para devorarme". 

 

Joaquin Arespacochaga se revela contra el insensible resignar como toda respuesta, y nos propone esa diligente estratagema de exprimir a la vida todos los zumos que ésta ofrece, vivir sin tiempos muertos la fresca oleada del momento, en un pulso febril que nos permita olvidar el rumor sordo y confuso de las horas.

 

Joaquin Arespacochaga nos propone dejar traspasar a nuestra vivencia la luz alegre del limpio suceder, pues la llaga abierta del instante no cierra sola en la oscuridad. Bailando los momentos nos ceñimos al universo, siendo fieles a sus latidos sin instantes, parece querernos contagiar Joaquin Arespacochaga, y nunca parar en el torrente del mundo. La definición de la vida es moverse, nos recuerda Gracián en su "Criticón". De lo contrario, "el instante me hace inmóvil/ palpita inacabable/

me sostiene", como expresa con hostil vehemencia Joaquin Arespacochaga.

 

Vivir en todo momento ese estambre de tiempo que nos germina, es el mensaje de este acendrado poema de Joaquin Arespacochaga, hacer la vida grande, como recomendaba Rilke, y devolver así a la vida todo lo que se le debe.